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Chief Editor

ID: 137411
Added: 2009-03-14 15:51
Modified: 2009-03-14 15:58
Refreshed: 2012-02-10 19:41

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La organización social, modernización y utopías entre los pescadores ribereños de la Península de Atasta e Isla Aguada en Campeche
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Javier Villegas Sierra y Ramón Martínez Beberaje

Introducción

Las costas han jugado un papel importante en la vida humana, ya sea porque en ellas se localizan recursos que son fuente de alimento, o bien, porque contribuyen a la comunicación de población y mercancías entre localidades, regiones, estados nacionales y mercados, de tal manera que estos factores han favorecido la localización de numerosos asentamientos humanos a lo largo de estos territorios. Disciplinas, enfoques y corrientes convergen hoy día para abordar el análisis de las costas, las cuales han sido su objeto de estudio ya sea desde la perspectiva de las ciencias naturales o bien desde las ciencias sociales y humanas; lo que permite inventariarlas, describirlas, caracterizarlas y explicarlas. La importancia que le confiere el Estado y sus políticas es de índole alimentaria, bioeconómica, productiva y de ordenamiento territorial.

En el litoral mexicano se localizan más de 125 lagunas costeras, que en su conjunto suman una superficie de 12,500 km2 y constituyen los ecosistemas más productivos del mundo. Estos ecosistemas juegan un papel fundamental, ya que más del 90% de las especies marinas de una región puede encontrarse en manglares y estuarios durante uno o más periodos de su ciclo de vida.

Entre estos sistemas costeros, la Laguna de Términos, ubicada en el estado de Campeche, reviste particular importancia debido a su extensión (aproximadamente 2,500 km2) y alta productividad de especies costeras con interés comercial. Estas condiciones favorecen el establecimiento de pesquerías que son el sustento de un sector de la población del municipio del Carmen en el estado de Campeche, el cual está integrado por quienes se conoce comúnmente como pescadores ribereños. Sin embargo, la población dedicada a la pesca no sólo usufructúa este ecosistema, sino en general toda la franja costera del municipio del Carmen donde históricamente se ha desarrollado esta actividad.

La actividad pesquera ribereña la han practicado productores denominados culturalmente pescadores libres “no organizados” y organizados en las microregiones de la Península de Atasta e Isla Aguada, municipio del Carmen.

Los pescadores han conformado un imaginario colectivo en el que los recursos naturales acuáticos, sean éstos marinos o dulceacuícolas, son un derecho heredado por generaciones. Sin embargo, en el proceso de modernización este derecho va perdiéndose por las características del sistema productivo en el cual están insertos. Se transita, entonces, de sociedades cooperativas a sociedades de solidaridad social, con la finalidad de insertar la actividad en un marco legal y jurídico frente a la normativa pesquera que los rige, aunque no necesariamente corresponda en tiempo y modo a sus prácticas socioculturales.

Las organizaciones pesqueras en la Península de Atasta se encuentran principalmente en la localidad de Nuevo Campechito, donde la actividad principal es la pesca extractiva y la comercialización de los productos obtenidos. Estas organizaciones capturan en la ribera del río Usumacinta y la línea de costa de Tabasco y Campeche. Una de las localidades típicamente pesqueras es la Colonia Emiliano Zapata que pertenece a la circunscripción de Nuevo Progreso. En la localidad de San Antonio Cárdenas existió una cooperativa que tenía como objeto social la extracción de almeja gallito en la Laguna el Poom.

Las organizaciones pesqueras de la Península de Atasta se han ido incrementando y transformando desde la década de los setenta, como se puede observar en su tránsito de sociedades cooperativas a sociedades de solidaridad social1, en coincidencia con el surgimiento de nuevas condiciones: la construcción de la carretera a lo largo de la Península; el reciente proceso de petrolización -actividad predominante en la región del municipio de Carmen-; y la construcción de puentes que comunican la isla del Carmen e Isla Aguada. Por su parte, los pescadores de Isla Aguada constituyen el contraste frente a los pescadores de Atasta, pues se caracterizan por un fuerte componente identitario que se manifiesta en la tradición de los pescadores de oficio que aún celebran al Señor del Pescador cada 3 de mayo; antecedente del proceso de modernización de la pesca camaronera de altura que todavía les permite sortear, de alguna manera, la modernización de la actividad petrolera.

1 Es en el año de 1994 que en Ciudad del Carmen se crea la primera Sociedad de Solidaridad Social (S.S.S.). La arribazón a consecuencia de la situación que prevalecía con los pescadores ribereños por la imposición de la veda al camarón siete barbas en el año de 1993; previamente a ésta no existían organizaciones constituidas para la pesca ribereña, este ingreso de las S.S.S. al sector pesquero fue parte de una negociación y una salida al conflicto que existía en el sector pesquero y las autoridades de la entonces Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP).

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Sistema costero Península de Atasta, Carmen, Isla Aguada
y Laguna de Términos.

El proceso de petrolización es un hito para las nuevas prácticas productivas y culturales de los pescadores de oficio y de aquellos que se hacen pescadores coyunturalmente. Se requiere, entonces, profundizar en el estudio de la modernización que hace que los pescadores transiten de prácticas productivas centradas en el rastreo y extracción de los recursos marinos, de una cosmovisión del espacio y el tiempo centrada en los temporales y temporadas de los organismos marinos, y de una vida cotidiana no estructurada, hacia los tiempos de producción en serie -prácticas de “cultivo” que trastocan la cosmovisión del espacio y el tiempo-, pero sobre todo hacia la transformación del sentido de la organización cooperativa en figuras organizativas que flexibilizan el criterio de exclusividad del usufructo de los recursos marinos, como uno más de los procesos de modernización del sector pesquero vía la acuacultura. Así, la modernización es una categoría de análisis que permite conocer diversos procesos sociales entre los que se encuentra la actividad pesquera, pero para ofrecer una definición operacional de ella es necesario profundizar en la investigación sobre el o los sentidos que tienen y viven los pescadores.

En este capítulo se pretende puntualizar el hecho de que la historia de las zonas costeras está marcada por el proceso de modernización de sus recursos pesqueros impactados por el uso de tecnologías intensivas que se encumbran desde el saber experto en el imaginario colectivo. También la modernización, que en su inicio daba el poder a la población de pescadores como usufructuaria de los recursos marinos, ha alcanzado a las figuras organizativas; hoy en día la capacidad organizativa no sólo se ha perdido entre las relaciones de poder que la ha sujetado a las prácticas sociales regionales e institucionales, sino el mismo Estado ha otorgado estatuto jurídico a tales prácticas despojando a los pescadores de oficio del derecho de usufructuar los recursos marinos. De esta suerte, la descentralización y el ejercicio de la gobernanza se enfrentan a relaciones de poder asimétricas. Por último, el más reciente momento del proceso de modernización de la pesca se ubica en recorrer los viejos caminos al impulsar vía la acuacultura una práctica decimonónica. Hay que aprender, entonces, de sus errores.

Recursos pesqueros y tecnologías intensivas

Hasta antes del siglo XIX se puede decir que las regiones del mundo no estaban sujetas a una dinámica de explotación intensiva de los recursos marinos y fluviales. Cada una de las pesquerías manejaba sus propias tecnologías que, consciente o inconscientemente, se adecuaban a los ciclos reproductivos de cada especie y también a las características geomorfológicas de los hábitats.

En contraste con la diversidad de tecnologías regionales y por especies, la tecnología que surge en el sistema regido por el mercado tiene como finalidad obtener grandes volúmenes para “abaratar el costo de producción”; con base en esta visión se intensifican, entonces, los volúmenes de pesca. Durante todo el siglo XIX los rangos de captura de las principales pesquerías comerciales del mundo permanecieron más o menos estables debido a la relativa lentitud de los cambios tecnológicos. La mayor parte de las flotas pesqueras del mundo entero seguían siendo impulsadas por viento, y el ingreso de nuevos barcos en cada pesquería no implicaba cambios trascendentes. Es a partir de 1880 cuando la situación da un giro: el motor de vapor se introduce en las pesquerías dominadas por Inglaterra en el Atlántico norte, a la par que se introduce la técnica de la red arrastrera jalada por dos barcos.

La tecnología arrastrera se difundió relativamente rápido -sólo se vio interrumpida durante la Primera Guerra Mundial-; y más tarde se sustituyó el casco de madera por uno de acero como otra de las innovaciones tecnológicas más importantes. Es significativo que hasta la Primera Guerra Mundial la pesca comercial no había incrementado sus niveles de captura y no representaba una amenaza de colapso de los recursos marinos explotados hasta entonces. Posteriormente a 1920 es cuando se introducen mejoras notables en la tecnología de la red arrastrera y en la capacidad de los barcos para jalar redes con mayor cobertura (Nadal, 1996:29-30).

En ese contexto aparece la cultura marina industrial con tecnología arrastrera en las narrativas del imaginario colectivo, por ejemplo, cuando la gente relata la detención de las embarcaciones de la flota camaronera de altura estadounidense y la repartición del producto capturado entre la población de Ciudad del Carmen; y las prácticas de derroche de tirar la captura por no cumplir con la talla requerida o por no haber condiciones para su conservación. También se encuentra presente en quienes trabajaron como mano de obra en la mencionada flota camaronera de altura, en un largo proceso de desarrollo de competencias ontológicas que implicó el desarrollo de destrezas y prácticas cotidianas que se abrevaron bajo relaciones sociales de discriminación.

En efecto, las compañías pesqueras estadounidenses fueron las que desplazaron de las costas la tecnología playera, consistente en capturar el camarón blanco de tamaño mediano con redes playeras y tapos en las lagunas costeras o en aguas poco profundas. Mientras la flota estadounidense explotaba los recursos pesqueros en la Sonda de Campeche en la década de los cuarenta -posteriormente a su ya mencionada detención-, se iniciaba la flota e industria camaronera de Ciudad del Carmen como una extensión de los consorcios pesqueros de Estados Unidos que fueron los que construyeron la infraestructura portuaria: muelles, centros de recepción de las capturas, fábricas de hielo y depósitos de combustible. El Estado contribuyó por su parte con la construcción de medios de transporte terrestre (cfr. Leriche, 1995).

En suma, ha sido una constante la afectación causada por este cambio tecnológico en casi todas las pesquerías comerciales del mundo, aun en aquellas mal llamadas artesanales, sobre todo porque se erigió como estándar en todas las pesquerías. Comprender esta dinámica del capitalismo es comprender no sólo el incremento en los grandes volúmenes de producción, sino, sobre todo, el sentido que el discurso científicotecnológico construye como campo discursivo de poder mediante un sistema categorial que, por una parte, se sustenta en una visión dicotómica entre lo avanzado y lo atrasado y, por la otra, introduce la diferenciación -como adjetivación- entre la pesca artesanal y la pesca comercial, entre la pesca de altura y la pesca ribereña, también llamada costera artesanal o de corta o pequeña escala en contraposición a la de gran escala (Lobato, 1996:301). Esto es, nociones que dan sustento a procesos diferenciales de apropiación del territorio.

A partir de este hecho, las prácticas productivas, sociales y culturales construyeron en el imaginario colectivo, consciente o inconscientemente, dos representaciones del significado que implicó el uso y aplicación de dichas tecnologías a la actividad pesquera que se desplegó en la Laguna de Términos: la flota mosquito y la flota chaquiste.

En la década de los sesenta, dos décadas después de iniciada la etapa de modernización de la pesca en la región de Laguna de Términos, en el Golfo de México las jóvenes generaciones que se vieron involucradas con sus padres en el proceso de adaptación e incorporación a un nuevo modo de vivir y sentir respecto a la actividad pesquera, la navegación y la construcción de embarcaciones, retomaron a una escala menor la extracción de los recursos pesqueros; sobre esta base se conformó la flota mosquito (cfr. Melville, 1984), y se inició la reconfiguración de la cultura ribereña en una cultura ribereña marina industrial, la cual se produjo en dos sentidos. Por un lado, se adaptaron las embarcaciones dedicadas al cabotaje, y se construyeron pequeñas embarcaciones para la explotación del camarón siete barbas y blanco en la zona costera, sustituyendo posteriormente las embarcaciones de madera con las de acero en la Sonda de Campeche. Y por otro lado, en Laguna de Términos se pasó del cayuco de madera a lanchas de fibra de vidrio con motor fuera de borda para la pesca llamada artesanal; con esta incorporación tecnológica, que también incide en las prácticas sociales, hay mayor capacidad de captura y más rápido desplazamiento. De ello están conscientes los pescadores, quienes con base en su experiencia consideraron que con esta tecnología podrían “pescar a cualquier hora”; de ahí que en el imaginario colectivo se les reconozca como la flota chaquiste.

Problemática organizativa / descentralización de la gestión

Los procesos de reforma del Estado desde los años setenta hasta los umbrales del siglo XXI constituyen un vasto escenario de reformulación de las reglas del juego entre el Estado mismo y los actores sociales (cfr. Lechner, et al., 1999:11). Si bien el Estado juega un papel importante en tres campos: como instancia de articulación de factores y actores del proceso económico que aseguran la competitividad del país en el contexto de la economía globalizada; como garante de la integración de la sociedad; y como vigilante ante los procesos de democratización que le exigen los ciudadanos, lo cierto es que hoy en día no está a discusión la importancia de su nuevo rol en los umbrales del siglo XXI (Lechner, 1999:39-40).

La década de los setenta representó un parteaguas como expresión de la crisis del modelo hegemónico occidental, pues no obstante que éste puso a la denominada modernidad –modelo paradigmático y arquetípico de la civilización y el progreso mundial– en una encrucijada ante la falta de respuesta sobre los ideales de libertad del hombre nuevo y de la emancipación del sujeto2, desde esa década no parecen corregirse las tendencias impuestas por la razón instrumental, misma que hoy le demanda redimensionar los mitos de los procesos democráticos en el contexto de la globalización (cfr. Comboni et al., 2007:21).

Mitos en los que el Estado y el mercado tienen una injerencia directa pues, a decir de Beck, al generalizarse la sociedad industrial se desencadenan dos procesos de signo opuesto en relación con la organización de la transformación de la sociedad, el surgimiento de la democracia político parlamentaria y el surgimiento de un cambio social apolítico, no democrático, bajo la divisa de la legitimidad del progreso y de la racionalización; en esto subyace un particular ejercicio del poder basado en la relación entre cambio social y orientación política expresado en el modelo de ciudadano escindido. Así, la toma de decisiones y, con ella, el ejercicio del poder siguen los criterios de legalidad y del principio de que poder y dominio sólo pueden ejercerse con el consenso de los dominados (Beck, 1998:238). Cabe preguntarse entonces: ¿Esto es lo que subyace en la reforma del Estado y sus estrategias políticas como la descentralización?

Si bien la participación de las organizaciones sociales en el espacio público tiende a ser un elemento central de la gobernanza democrática, no queda claro qué principios de coordinación interna rigen o deben regir a estas organizaciones, y es aún menos claro en qué sentido el modo de tomar decisiones e implementarlas y de procesar los conflictos internos afecta su desempeño político (Luna y Tirado, 2004:1).

De acuerdo con Luna y Tirado, la manera en que se toman decisiones en el marco de una organización es un elemento crucial de las condiciones en que se producen los resultados; así, la relación entre la toma de decisiones y desempeño político desde la perspectiva de la evaluación de las organizaciones sociales supone una relación entre los resultados (cumplimiento de los propósitos, objetivos o metas de la organización) y las condiciones de producción de éstos. Asimismo, la evaluación de los resultados supone a su vez un conjunto de criterios de desempeño, de los cuales dos son fundamentales: la eficacia y la legitimidad (Luna y Tirado, 2004:1-2). En ese sentido, la participación de las organizaciones sociales en la esfera pública adquiere relevancia en el contexto de un nuevo modo de la política institucionalmente disperso, policéntrico y diferenciado (Messner, 1999, citado por Luna y Tirado, 2004:1).

2 Para un debate más amplio sobre la modernidad y la modernización véanse Berman, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire, España, Siglo XXI, 1988, 386 p; Solé, Carlota, Modernidad y modernización, Barcelona, Anthropos, 1998, p. 9-29; Bauman, Zygmunt, Modernidad y ambivalencia, Barcelona, Anthropos-CIICH UNAM, 2005, p. 11-39; Beck, Ulrich, La sociedad del riesgo, Barcelona, Paidós, 1998, 11-235; Echeverría, Bolívar, La modernidad de lo barroco, México, Era, 2000, p. 121-160; Giddens, Anthony, Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza editorial, 1993, p. 15-166; Touraine, Alain, ¿Podremos vivir juntos?, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, p. 27-60; y Comboni Salinas, Sonia, et al, Modernidad y Diversidad cultural, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2007, entre otros autores.

Entonces, los rasgos del nuevo escenario político están marcados por la globalización, la evolución de la ciudadanía hacia formas más complejas, y el consenso en un modelo post-burocrático que se legitima por el principio de la participación ciudadana y redefine competencias con relación a distintos niveles territoriales y entre diferentes tipos de instituciones, así como por la integración de los grupos sociales en los procesos de decisión (cfr. Luna y Tirado, 2004:2).

El contexto anterior es fundamental para comprender los cambios en las figuras organizativas que hasta 1994 usufructuaron los recursos naturales acuáticos, marinos o dulceacuícolas, ya que si bien las características del sistema productivo impulsaron en los años cuarenta del siglo XX la constitución de las primeras sociedades cooperativas, para la década de los ochenta éstas se recompusieron con las reformas a la Ley de Pesca. Este hecho se tradujo en la constitución de las Sociedades de Solidaridad Social (SSS), pero sobre todo en la variación de dos cuestiones medulares: la transformación de la composición social de la figura organizativa y la desregulación del usufructo pesquero para ser aprovechado por otros actores sociales sin tradición pesquera.

Finalmente, cabe señalar que todas las organizaciones necesitan tomar un sinnúmero de decisiones de muy diversa índole, pero las más relevantes son aquellas que atañen a la determinación de los fines, porque son las que definen el perfil propio de la organización, la agenda y sus políticas: el establecimiento de las reglas de operación internas; la selección de los dirigentes; y, finalmente, la determinación de las acciones estratégicas o acciones específicas que dan respuesta a los cambios rápidos del entorno (Luna y Tirado, 2004:7); cambios que sin embargo conllevan destrucción permanente de la naturaleza externa e interna, cambio del sistema de trabajo, ruptura del orden entre sexos, deslocalización de las clases sociales tradicionales, agudización de las desigualdades sociales y nuevas tecnologías que se aproximan a riegos catastróficos (Beck, 1998: 239).

La modernización de la pesca vía la acuacultura

Antecedentes

Entre los antecedentes históricos de la pesca en México, es importante recordar y retomar que cuando inicia el proceso de modernización de la pesca a fines del siglo XIX se esgrimen los intereses de una razón instrumental que pretende cambiar la dinámica productiva propia de la época colonial. Para este efecto se aplica la tecnología que incrementa la producción y en 1829 se establecen normas en el marco jurídico que fomentan la pesca y la navegación. El decreto de las Cortes Españolas de 1820 establece “promover la pesca como base de sustento de la población costera para su empleo industrioso y benéfico [por ejemplo] en el año de 1856 se otorgó la exclusividad por ocho años a Manuel Múgica para pescar la foca o el becerro marino en las costas e islas del Mar de Cortés; privilegios similares fueron para Luis Rivas Góngora en 1858 en el Golfo de California por diez años”3. Por su parte, el proceso de modernización vía la acuacultura también se presenta a fines del siglo XIX con la intención de impulsar esta práctica entre la población y con el objetivo de adaptar especies ajenas al país4.

De esa época a la fecha se han fomentado proyectos de este tipo en diferentes regiones, y a fines del siglo XX se retoma con bríos la acuacultura sin detenerse a mirar sus aciertos y errores. Con todo, en lo que respecta al estado de Campeche la acuacultura se dividió en acuacultura industrial y acuacultura rural. La acuacultura industrial está conformada por cuatro granjas de camarón: dos en Champotón, una en Campeche y otra en Tenabo; dos centros de engorda de peces marinos en Ensenada y Punta Xpicob, Campeche; dos granjas de peces de ornato en IMI III; y un centro productor de crías de tilapia en Plan de Ayala, municipio del Carmen. La acuacultura rural está integrada por 33 unidades de engorda de tilapia en los municipios de Carmen, Palizada, Campeche, Candelaria, Champotón y Tenabo.

3 Registro Oficial del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, 23 septiembre de 1831, citado por Sierra, Carlos y Justo Sierra Zepeda, en Reseña histórica de la pesca en México (1821 – 1977). Departamento de Pesca. México, 1977. pp. 23-31.

4 “El gobierno de Miguel Miramón en 1860 autorizó a Carlos Jacobi la introducción de especies no nativas de agua dulce por doce años, lo que implicaba aclimatar, capacitar a la población del Valle de México, mantener la exclusividad de los peces criados en los viveros y repoblar otros lagos mediante la donación de huevos de peces fecundados”, Ibid., p. 31.

Una aproximación a la historia de la acuacultura
en las microregiones del Municipio del Carmen:
Península de Atasta e Isla Aguada

La Península de Atasta la acuacultura y evolución
de las organizaciones pesqueras

Ahora, desde un proceso histórico más reciente analizaremos la complejidad de la condición social, económica y cultural de la pesca en esta zona costera del Golfo de México: el municipio del Carmen, Campeche.

En esta zona costera del municipio de Carmen -con sus microregiones Isla Aguada, Ciudad del Carmen y Península de Atasta-, el inicio de la acuacultura en la Península de Atasta ocurre en un momento coyuntural para los pobladores de esta región, o más bien, incentivada por las actividades colaterales del establecimiento de la industria petrolera en esta microregión. En este contexto se da un proceso de conformación de organizaciones pesqueras en la Península de Atasta que han ido incrementándose paulatinamente a raíz de una serie de acontecimientos que a continuación se describen.

En el tramo Nuevo Campechito-Zacatal, entre 1978 y 1980 se amplió y construyó la carretera con material pétreo para la carpeta asfáltica, el cual se obtuvo mediante excavaciones en la comunidad de San Antonio Cárdenas. En otro momento, en los años 1993-1994, se construyeron los libramientos carreteros de San Antonio Cárdenas y Nuevo Progreso, también con material pétreo obtenido mediante la excavación, la cual creó oquedades que a la postre formaron cuerpos de agua. En esos cuerpos de agua se realizaron trabajos experimentales de acuacultura con robalo y tilapia roja como una alternativa de autoconsumo para las comunidades asentadas. La Universidad Autónoma del Carmen, a través de la Facultad de Pesca, llevó a cabo los trabajos experimentales. Para el periodo 1995-1996, las 25 organizaciones pesqueras existentes se concentraban en la comunidad de Nuevo Progreso, pero tenían como centro de operación la localidad de Emiliano Zapata.

En el periodo 1997-98, el gobierno federal, a través de la Secretaría de Energía y con el apoyo de la empresa ICA, promovió la construcción de la planta de nitrógeno en los límites de las localidades de San Antonio Cárdenas y Nuevo Progreso. Esta planta tenía como objetivo inyectar gas nitrógeno en pozos petroleros en operación que han practicado una sostenida explotación en el área de plataformas marinas de la Sonda de Campeche.

Dado que la construcción de la planta requería material pétreo para la construcción del terraplén donde se asentaría la infraestructura, se proyectó obtener este material del estado de Tabasco. Sin embargo, respecto a las razones por las que no se optó por esta vía corren dos versiones: una, que se indujo a la comunidad a ofrecer su material pétreo prometiéndoles proyectos de acuacultura; y otra, que los comuneros no permitieron la entrada del material del estado de Tabasco, proponiendo que fuera suministrado por las propias comunidades. Tal situación implicó una serie de negociaciones entre empresa y comuneros de la región que resultaron en la construcción de estanques rústicos alimentados por nivel freático, con el argumento de que se alcanzarían dos propósitos: dotar de material a la planta de nitrógeno y generar una infraestructura para el cultivo de especies acuáticas.

Los beneficios fueron para los ejidos San Antonio Cárdenas y Nuevo Progreso, y no contemplaron a organizaciones pesqueras. En la ejecución de este proyecto participaron la Dirección del Área de Protección de Flora y Fauna Laguna de Términos y la Unidad de Investigación de la UNAM.

Por su parte, un grupo de comuneros del ejido San Antonio Cárdenas se constituyó en el año 2000 en nueve sociedades de solidaridad social que tenían como objeto social la acuacultura. Obtuvieron los permisos para la construcción de estanquería rústica para el cultivo de especies acuáticas que consideraba el aprovechamiento de material pétreo, lo que creaba una situación incongruente porque las organizaciones sociales estaban conformadas por comuneros con un perfil agropecuario, ninguno con alguna referencia de manejo de especies acuáticas, ya sea pescador o acuacultor. Se concluye que existía más un interés por el aprovechamiento del material pétreo para obtener una ganancia económica con su venta que una vocación productiva.

Con todo, en este ejido se impulsó el cultivo de tilapia hormonada en jaulas flotantes de 20 m3 colocadas dentro de un estanque rústico de manto freático. La producción, con la que se obtiene de 0.10 a 0.22 t/jaula en dos cosechas por año e ingresos por 60,000 a 420,000 pesos anuales, es exclusivamente para la venta. El precio de venta de la mojarra fresca entera es de 30 pesos/kg y es comercializada a pie de granja. Los socios tienen en esta actividad una experiencia de 1 a 3 años (Amador, 2006:9).

Lo mismo sucede en la localidad de Atasta en el año 2002 cuando una organización social constituida en cooperativa de producción acuícola reproduce el mismo esquema. Se le permite construir infraestructura para el cultivo de especies acuáticas, aun cuando se encuentra en situación idéntica a la de las organizaciones sociales ya referidas.

Por otra parte, las Sociedades de Solidaridad Social (triple SSS): El gavilán pescador, Martín Pescador, el Girasol de Ciudad del Carmen y la Sociedad Cooperativa de Pescadores de Nuevo Progreso, constituidas desde antes de 1995 y relacionadas con la pesca extractiva, en el año 2003 se organizan y de manera conjunta obtienen la autorización para la construcción de infraestructura acuícola. A diferencia de otras organizaciones de la región, en este caso hay registros de que desde 1996 estas organizaciones han manifestado un interés en realizar actividades acuícolas.

Otro fuerte impulso se da a la acuacultura por medio de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural y Alimentación y la Secretaría de Pesca del Gobierno del Estado de Campeche. Durante el sexenio 2000-2006, los programas encaminados a desarrollar la acuacultura en el estado -como Alianza Contigo- contemplan sus propias reglas de operación, una de las cuales establece que los productores con expectativas de apoyo deben estar constituidos en una organización social.

Observamos, entonces, que en la Península de Atasta la organización de los productores se desarrolla en dos momentos: uno, previo a la construcción de infraestructura acuícola cuando las organizaciones pesqueras se dedicaban a la captura de especies acuáticas, concentradas en las localidades de Nuevo Campechito y Emiliano Zapata; el otro, durante la etapa de construcción de infraestructura relacionada con la actividad petrolera, cuando el proceso de comercialización de material pétreo sostiene el fomento de la actividad acuícola-pesquera a la que se incorporaron organizaciones de las localidades de San Antonio Cárdenas, Atasta y Puerto Rico.

A los dos tipos de acuacultura que se impulsaron en el estado de Campeche -industrial y rural- se integraron 33 unidades de engorda de tilapia en los municipios de Campeche, Carmen, Candelaria, Champotón, Palizada y Tenabo5. En el municipio de Carmen, la microregión de la Península de Atasta se orientó a desarrollar la acuacultura de tipo rural.

Sin embargo, pese a este despliegue de iniciativas por parte de los diferentes ámbitos de gobierno y de organismos internacionales, estas organizaciones no están funcionando como se esperaba. Un ejemplo son las Unidades Femeniles de Producción Rural, en las que, según los especialistas, “existe una carencia de buenas prácticas de producción y una deficiente administración, lo que impacta en la rentabilidad. Se observa una deficiencia en la sincronización de las actividades de fomento y la asesoría técnica, así como en el suministro oportuno de crías y alimento balanceado”. Por lo tanto, plantean que es “necesario promover la transferencia de tecnología y mejorar el apoyo técnico, la capacitación, el financiamiento y el nivel de organización de las UFPR, para mejorar las expectativas de producción y rentabilidad” (Amador, 2006: 1-9).

5 Con una inversión estatal y privada, esta infraestructura registró, de 1998 a junio de 2003, volúmenes de producción por 683 ton de camarón, 492 de tilapia, 245,000 peces de ornato y 3’576,000 crías de tilapia (2).

Pero aquí surge una serie de preguntas: ¿Por qué carecen de buenas prácticas de producción? ¿Por qué hay una deficiente administración? ¿Por qué no están sincronizadas las actividades de fomento y la asesoría técnica? ¿Por qué dependen de crías y alimento balanceado? ¿Por qué si han contado con la presencia de organismos internacionales y apoyos de los diferentes ámbitos de gobierno están en esta situación? La dimensión del problema es estructural: se incurre en los mismos errores que se han cometido en el pasado. Las prácticas de fomento, sean en la agricultura o en la pesca, están sustentadas en una visión dicotómica del funcionamiento de la actividad: atrasado/avanzado, tecnología artesanal/tecnología moderna, saberes populares/saberes expertos; desde la visión de la modernización el primer elemento de cada una de estas relaciones dicotómicas es sinónimo de atraso y el segundo de avance. Por lo tanto, esta visión genera una dependencia respecto de las tecnologías, el abastecimiento de crías y el alimento balanceado.

Nos dicen los expertos que el abastecimiento de las crías de tilapia proviene principalmente de dos fuentes: la granja acuícola Aquasur en el estado de Campeche y el laboratorio de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Y que el alimento balanceado para tilapia es comprado en Villahermosa, Tabasco, del cual se consumen indistintamente las marcas Purina y Silver Cup, con un costo de 6,000 pesos/ton; no obstante, existen serios problemas de disponibilidad del alimento, lo cual representa un riesgo para la producción.

Isla Aguada la tradición histórica de la pesca y el proceso
de urbanización

Isla Aguada no ha participado en este proceso de modernización vía la acuacultura. A pesar de que ha recibido ofrecimientos de apoyos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación y de la Secretaría de Pesca del Gobierno del Estado de Campeche, es nula la participación de las organizaciones pesqueras en esta práctica productiva, a excepción de Palo Alto donde se han desarrollado actividades de acuacultura.

Esto se debe en gran medida a que la pesca es una tradición histórica en esta localidad, y es reconocida la participación de personas y organizaciones de pescadores de Isla Aguada en la captura de especies de escama, los cuales registran un aporte cercano al 25% según el anuario estadístico de pesca del año 2005.

Figuras asociativas en Isla Aguada, Carmen, Campeche 2005.

 

Tipo de organización

Número de organizaciones

Sociedades de Solidaridad Social

12

Sociedades Cooperativas

16

Permisionarios

12

Fuente. Oficina Federal de Pesca Isla Aguada, Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, 2005.

Isla Aguada cuenta con un litoral de 32 kilómetros que representan el 8% del total estatal; y constituye un soporte económico basado en diversas pesquerías como la de escama que es la predominante. En sus costas se capturan ricas y variadas especies marinas, entre las que se distinguen el pámpano, el robalo, la sierra, el pargo, el mero, la corvina y la lisa que son las que aportan los mayores volúmenes de captura, así como el cangrejo, la jaiba y el camarón, entre otras6.

La localidad cuenta con 237 embarcaciones escameras menores, y alrededor de 28 organizaciones pesqueras, según el censo de la SAGARPA de 2005, que agrupan a 700 pescadores. El sector pesquero ribereño se encuentra organizado en tres figuras de carácter jurídico: permisionarios, sociedades cooperativas y sociedades de solidaridad social.

La pesca y evolución de las organizaciones pesqueras

Para comprender la complejidad de la condición social, económica y cultural de la pesca en estas zonas costeras es preciso remitirnos a su proceso histórico más reciente. A principios de los años noventa un grupo de personas se estableció en Isla Aguada con la intención de trabajar las especies de escama dándole un valor agregado a través de un proceso de secado-salado. Estas personas, que provenían principalmente del estado de Chiapas, crearon un asentamiento a orillas de la Laguna de Términos al que se le denominó colonia “chiapaneca”. Los chiapanecos aprovecharon especies que tenían un bajo valor comercial y que por lo tanto no eran aprovechadas por los lugareños de Isla Aguada; formaron redes comerciales con el propósito de enviar el producto elaborado al estado de Chiapas, lo que les permitió capitalizar el esfuerzo y consolidar con el tiempo la comercialización formal del producto procesado. Hoy en día la relevancia de su actividad genera ciertas disputas que se originan en el hecho de que la colonia chiapaneca ha crecido con el tiempo debido a una constante inmigración.

6 Esta actividad pesquera cuenta con la siguiente infraestructura y servicios de apoyo: 15 bodegas refrigeradas o neveras modulares; 2 fábricas de hielo; 1 centro de procesamiento primario; 7 saladeros y secadores; 1 muelle; 1 faro; 5 centros de pesca; y 25 comercios e industrias conexas.

Dada la importancia del sector pesquero ribereño en Isla Aguada, a mitad de la década de los noventa el gobierno estatal construyó en esta localidad un puerto de abrigo para dar protección y ordenar el atraque de embarcaciones y realizó una inversión cuantiosa. Actualmente los pescadores utilizan esta infraestructura, que en el año 2002 permitió el establecimiento de una fábrica de hielo debido a su demanda para la preservación y conservación de los productos capturados. En el año 2005, con la rehabilitación de infraestructuras que se encontraban deterioradas por el paso del tiempo, se establecieron centros de acopio que permiten un mejor manejo de los productos obtenidos en las capturas. No obstante, en Isla Aguada faltan estudios socioculturales que den cuenta de su proceso de integración y de las prácticas culturales de la población nativa.

Problema de la urbanización

La concepción de lo moderno llega a Isla Aguada vía los fraccionamientos urbanos. Del total de 1,161 viviendas de la localidad, 731 cuentan con agua potable y 1,022 con energía eléctrica.

Un dato importante es el comienzo de un proceso de urbanización acelerada a partir de la construcción de fraccionamientos. El proyecto que se realiza en esta localidad cuenta con permiso de uso de suelo de fecha 29 de junio del 2006. Un ejemplo es el proyecto del fraccionamiento San José, que contará con aproximadamente 1,500 viviendas; aproximadamente el mismo número de viviendas con las que cuenta la localidad de Isla Aguada: nuevo problema social.

¿Confrontación de Culturas?

En Isla Aguada, la tradición de ser una localidad de pescadores de oficio con sus prácticas culturales y sociales entretejidas por la actividad pesquera está por entrar en un proceso de confrontación cultural, como lo están otras localidades de la Península de Atasta con el arribo de la actividad petrolera. En estas localidades la convivencia pasa de un nivel de tensión a un nivel de conflicto, lo otro emerge como segregación y exclusión, las prácticas sociales diferencian a sus pobladores, la brecha entre generaciones se amplía hasta no tener contacto, los saberes locales se relegan a lo subalterno y los saberes expertos de lo moderno marcan la pauta de las relaciones productivas, sociales, culturales y religiosas.

Consideraciones Finales

Es evidente que el proceso de modernización ha estructurado los procesos productivos con prácticas intensivas de producción vía la aplicación de tecnología, pero a la vez ha estructurado los procesos sociales y culturales inculcando en la población visiones dicotómicas e inhibiendo sus saberes locales, sus técnicas pesqueras y sus prácticas de convivencia y participación colectiva. Además, los pescadores enfrentan el reto de consolidar una estructura organizativa con un marco legal reformado que los priva de la exclusividad en el usufructo de los recursos pesqueros. El desafío de establecer un manejo sustentable de los recursos naturales y pesqueros además de impulsar la toma de decisiones por parte de la población que los usufructúa es una utopía, pero significa cambiar los paradigmas con los que se ha venido trabajando con la población, por otros que contemplen el reconocimiento de sus formas de construcción del conocimiento y la comprensión de sus saberes locales.

De lo contrario, persistirá la relación de poder y dominio del Estado vía las reformas que legitiman el progreso y la racionalización en esta nueva etapa de la modernización, en la que los agentes y actores sociales con roles asignados y preestablecidos -por ejemplo, el ciudadano, el político y el burócrata como personajes típico-ideales de la democracia moderna de mercado- multiplican sus roles y cambian sus funciones, pero se muestran crecientemente incapaces de establecer mecanismos de coordinación social ante la dinámica del mercado, puesto que la velocidad de los cambios y la emergencia de procesos de nuevo tipo rebasan la estabilidad y permanencia de las instituciones (cfr. Lechner et al., 1999:12).

Lo anterior es la condición que desdibuja las identidades y soterra al sujeto social; cuestión particularmente relevante si se toma en cuenta el papel del Estado como uno de los grandes constructores del tiempo histórico de la modernidad, así como su función en la constitución de la soberanía nacional y como agente encargado de proporcionar motivos, símbolos y proyectos que propician y garantizan la cohesión social nacional.

Sin embargo, los cambios que se encierran de manera escurridiza en la expresión “reforma del Estado”, además de trasformar las condiciones objetivas en la reproducción del mismo Estado y del capital, han trastocado los hilos de estas cadenas de producción de sentido, de tal manera que la incertidumbre respecto de múltiples fenómenos se apodera de la conciencia de los actores. Éstos, a su vez, modifican las rutinas a las que el sentido del tiempo les había acostumbrado de acuerdo a determinados procesos productivos, y alteran o pierden los parámetros de certidumbre tradicionalmente producidos por el Estado. Paradójicamente, al mismo tiempo que el Estado transforma su función de dar coherencia a la identidad histórica y nacional, los grupos dirigentes y la comunicación de masas bombardean a la población con la promoción de los valores tradicionales y vinculares de la familia, la nación, la patria, la propiedad, el éxito, la excelencia y la religión (Lechner et al., 1999:12-13). Así, las reformas del Estado pasan por transformaciones objetivas, como también de las subjetividades.

Seguramente existen diferentes formas de mejorar los vínculos entre varias categorías de investigadores que trabajan en agencias de gobierno, universidades y ONGS, sin embargo, desde nuestra práctica social en la experiencia investigativa proponemos un diálogo interdisciplinario que permita superar el trabajo disciplinar como criterio de verdad y legitimación7. En particular debemos subrayar lo que históricamente prevalece en la región en cuanto campo de conocimiento: el campo de las ciencias naturales. En ese sentido propugnamos por un diálogo interdisciplinar así como entre saberes, capaz de descentrarse de las metapolíticas con la construcción de vínculos con colaboradores de las comunidades, esto es, investigaciones nacidas y desarrolladas desde un trabajo que construya diagnósticos, propuestas de acción emanadas de la misma comunidad y no sólo con base en acciones verticales e inducidas por políticas supranacionales que modifican la vida de los pobladores de municipios costeros.

7 Hoy en día la ciencia en general –tanto como los ámbitos de la vida societal–, provenga ésta de cualquier campo de conocimiento, esto es, de las ciencias naturales o de las ciencias sociales y humanas, como otros ámbitos de la vida social se enfrenta al cuestionamiento de su carácter universal, de tal forma que los paradigmas explicativos han dado paso a otros más críticos e incluyentes en los que el papel de las visiones subalternas del saber va a la par de las formas expertas de construcción del conocimiento. Cfr. Villegas, Javier y Adriana Solís. De la explicación al encuentro con el otro, Ponencia presentada en Encuentro Nacional en Ciencias Sociales, Memorias, México, 2006.

Si se trabaja desde esta utopía tal vez sea posible construir nuevos paradigmas que trasciendan la incumplida promesa de progreso y desarrollo vía tecnologías universalizantes y más allá de la racionalidad instrumental.

En este tenor, el futuro de la descentralización en la Península en Yucatán, y en México, está relacionado con la crisis estructural del sistema pero también con la crisis que está presente en las intersubjetividades de un imaginario colectivo que ha vivido la pérdida –sexenio tras sexenio– no sólo de legitimidad, sino de credibilidad del Estado y de los agentes supranacionales con los que se articula. El ejercicio de la democracia está empañado por esta condición, y las relaciones de poder mantienen estructuras que ciertos grupos sociales no permitirán cambiar tan fácilmente. La descentralización tendrá que trascender el reacomodo de los nuevos roles que desarrollarán los actores y agentes sociales frente al reto de este nuevo milenio que implica superar las asimetrías sociales en la Península de Yucatán y en el país, cada vez más abismales.

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